El psicoanalista Jorge Bruce, desarrolla aquí un análisis valioso, de la mala concepción de modernidad que intenta aplicar el gobierno desde sus esferas y elites más altas (no tan públicas), a sus políticas de desarrollo, y de como la responsabilidad de la tragedia ocurrida en Bagua, recae directamente en la Ministra del Interior Mercedes Cabanillas y en el Premier del Consejo de Ministros Yehude Simon. Pero es lamentable que con aquel mismo rigor psíquico con el que deslinda actores involucrados, y señala responsables, no condene la actitud tan complaciente por algunos sectores de la prensa, que fueron y lo siguen siendo, piezas claves dentro de las jugadas sucias del gobierno, en una insistente campaña que usa de escudo a los policias, y de victimarios a los nativos. Señalar que "La periodista, quedó tan sorprendida por este exabrupto tanático que no atinó a preguntarle..." por favor!, pecar de ingenuo, solo refleja más que una amistad, si hay que decir la verdad, pues hagamoslo con todo sin justificar. A Rosa María Palacios nunca le importó si entre las víctimas de los nativos hubiesen niños, siempre quiso ocultar la responsabilidad del gobierno detrás de la "resposabilidad penal", sabe Dios a cambio de qué, y eso lo sabe muy bien el señor Jorge Bruce.LUIS ALBERTO GRIMANI VILLASANTE
La pluma en la cabeza
La ministra Cabanillas es la mayor víctima política de esta impresionante suma de desaciertos gubernamentales. El Premier no, porque ya desde antes era un fusible quemado cuyo reemplazo solo tarda por caprichos del electricista. Los ministros suelen repetir la frase manida que su renuncia siempre está en el despacho del Presidente, pero lo que casi ninguno recuerda, a diferencia de Carmen Vildoso, es que también se halla en el de su conciencia, cosa que le ha valido un furibundo cargamontón de quienes se sienten cuestionados por su gesto de dignidad. Hemos cruzado el punto de quiebre. Por lo pronto, ya se ha visto a la juventud levantarse, al lado de sindicatos y otras organizaciones de la sociedad civil, cosa que no había ocurrido en lo que va del régimen. El más grave error del Apra y sus aliados fujimoristas fue subestimar a los habitantes amazónicos, a los que consideran seres –decir ciudadanos sería una exageración– inferiores. Incluso cuando se vieron obligados a suspender el DL 1090, continuaron dirigiéndose a los amazónicos como si fueran minusválidos mentales.
Así, tanto Keiko como Rolando Sousa, al igual que varios líderes apristas, con el Presidente a la cabeza, insisten en la tesis de que están siendo manipulados desde dentro y fuera del país. Con su tono empalagoso, la hija del dictador les aconsejaba que no se dejen utilizar por políticos malintencionados. Es tan grotesca la subestimación de la inteligencia de nuestros compatriotas, que cabe preguntarse si se busca enardecerlos más para prolongar esta atmósfera convulsionada. O tal vez su limitación ideológica les impide darse cuenta de que hay un mundo complejo fuera de la teoría de la conspiración.
Pero la que se llevó el tocado de las intervenciones despectivas y racistas fue la ministra del Interior. En la ya célebre entrevista de este diario, cuando le preguntaron por su responsabilidad política en la muerte de los policías, Cabanillas respondió: “¿Yo he tenido la pluma en la cabeza y he aniquilado a los policías?”. Es innecesario decir que las muertes de los civiles le son indiferentes, tal como lo evidenció en el programa Prensa Libre del viernes fatídico. Cuando Rosa María Palacios le recordó que no solo habían fallecido policías, la ministra respondió, enfática y violenta: “¡Ellos se lo buscaron!” “¡Ellos se lo buscaron!”. La periodista quedó tan sorprendida por este exabrupto tanático que no atinó a preguntarle si eso incluía a los niños muertos o al baleado dirigente pacifista Santiago Manuin.
Ahora nos toca identificar a los caídos y hacer el duelo, notificar al Gobierno que su política autoritaria llegó a su límite y, dado que los Nacionalistas están rebasados por los desafíos actuales, el diálogo indispensable deberá ser propiciado por instituciones y personalidades, con o sin pluma en la cabeza, pero que gocen de confianza y representatividad. Debe ser desesperante para Alan García ver que su burbuja narcisista gloriosa se desinfla con un golpe de azagaya comparable al que lanza el primitivo del filme 2001, Odisea del Espacio. No obstante, podría ser instructivo. Me permito recomendar que lo vea de nuevo, a fin de revisar sus concepciones dogmáticas de la modernidad.
Así, tanto Keiko como Rolando Sousa, al igual que varios líderes apristas, con el Presidente a la cabeza, insisten en la tesis de que están siendo manipulados desde dentro y fuera del país. Con su tono empalagoso, la hija del dictador les aconsejaba que no se dejen utilizar por políticos malintencionados. Es tan grotesca la subestimación de la inteligencia de nuestros compatriotas, que cabe preguntarse si se busca enardecerlos más para prolongar esta atmósfera convulsionada. O tal vez su limitación ideológica les impide darse cuenta de que hay un mundo complejo fuera de la teoría de la conspiración.
Pero la que se llevó el tocado de las intervenciones despectivas y racistas fue la ministra del Interior. En la ya célebre entrevista de este diario, cuando le preguntaron por su responsabilidad política en la muerte de los policías, Cabanillas respondió: “¿Yo he tenido la pluma en la cabeza y he aniquilado a los policías?”. Es innecesario decir que las muertes de los civiles le son indiferentes, tal como lo evidenció en el programa Prensa Libre del viernes fatídico. Cuando Rosa María Palacios le recordó que no solo habían fallecido policías, la ministra respondió, enfática y violenta: “¡Ellos se lo buscaron!” “¡Ellos se lo buscaron!”. La periodista quedó tan sorprendida por este exabrupto tanático que no atinó a preguntarle si eso incluía a los niños muertos o al baleado dirigente pacifista Santiago Manuin.
Ahora nos toca identificar a los caídos y hacer el duelo, notificar al Gobierno que su política autoritaria llegó a su límite y, dado que los Nacionalistas están rebasados por los desafíos actuales, el diálogo indispensable deberá ser propiciado por instituciones y personalidades, con o sin pluma en la cabeza, pero que gocen de confianza y representatividad. Debe ser desesperante para Alan García ver que su burbuja narcisista gloriosa se desinfla con un golpe de azagaya comparable al que lanza el primitivo del filme 2001, Odisea del Espacio. No obstante, podría ser instructivo. Me permito recomendar que lo vea de nuevo, a fin de revisar sus concepciones dogmáticas de la modernidad.
Fuente: Diario La República del 14 de Junio

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